Finalmente, cuando obtenemos lo que deseamos, entramos en el silencio. En este caso, incluso si hablamos lo necesario, el silencio permanece... porque no se desea nada. El mutismo y el control de la palabra, sin la ausencia del deseo, son tan sólo ejercicios que pueden ser útiles, si no fueran demasiado prolongados. El camino hacia el silencio en verdad lleva al individuo a despojarse gradualmente de los deseos humanos; le produce la posibilidad de practicar conscientemente el acto de escoger, sin que entren en juego sus preferencias personales; le enseña a tomar decisiones en todo momento, sin haber deseado, no obstante, que prevalezca este o aquel rumbo. En este camino, hay simultaneidad entre lo que ocurre y como se actúa ante lo que acontece. Es una experiencia de unificación. María, sentada a los pies del viajero, no está allí porque "prefiere" estar, sino porque "es" para estar. A partir de esa acción, correcta y desinteresada, ocurre lo imprevisible en lo íntimo de María, imprevisible que depués se refleja en su exterior. La soledad de María, posible para todos, no es aislamiento, sino el estar íntegro en el propio ser. A partir de esta soledad, se torna posible la relación que no termina en guerras, que no es meramente social ni ingenuamente amistosa.El amor que cura a la humanidad y al planeta no es premeditado ni construido
artificialmente con conceptos, sino que ocurre cuando llega el momento exacto para que la energía del alma pase por los canales abiertos, que son aquellos seres humanos que se disponen a permanecer quietos, tranquilos y desinteresados.
artificialmente con conceptos, sino que ocurre cuando llega el momento exacto para que la energía del alma pase por los canales abiertos, que son aquellos seres humanos que se disponen a permanecer quietos, tranquilos y desinteresados.
(José Trigueirinho Netto)
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