Dice pertenecer a otra generación. Que esta década no son para sus veinte. Dice entender mejor la poética lunfardista y se dibuja con mayor nitidez sobre las corcheas de una fuga porteña de Piazzolla. Dice tener la sangre de las milongas, pero al mismo tiempo no puede respetar el dialogo lingüístico de los años cuarenta. Y mientras ella sigue hablando como una bestia del siglo XXI, me invade la melancolía que me atañe a la inevitable reflexión…
Pobre de mis abuelos si vivieran y tuvieran que ver y oír las atrocidades que a esta altura ya he decido tratar de resignar. Y no es que me aterre la conducta neo cultural de su probablemente no deseada descendencia, sino la liviandad con la que se tiende a tomar como propia la intachable conducta de nuestros antepasados, y al mismo tiempo se la mancha con las vulgares y burdas descripciones de sus actos más humillantes y léxico de internet para terminar degradándose en tercera persona frente a la pantalla de un LCD en blanco y negro.
(Fotografía de Mario Bellocchio perteneciente a la muestra "Tinta Roja en el gris de ayer" con intervencion de arte digital)
“Me cache en die’ viejo. Si vivieras y vieras esto, no podrías siquiera soportar el berretin que tenias con las minas y los puros. Hoy ambas cosas son otra”
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