Anita Martínez era una mujer muy atractiva que vivía en el barrio de La Boca, a dos cuadras del supermercado chino “El Barrilete” sobre la calle Alsenarez para ser mas preciso.
La dama tenía una elegante fama de seductora, sabía bien lo que quería y poco le importaba lo que se dijese de ella.
Según Miguel Arnetto, vecino de Ana, ella llegaba a su casa todas las noches con un hombre diferente, al cual nunca se lo volvía a ver en compañía de la dama. Anita tenía la costumbre de enamorar a todo hombre que se le cruzara lo cual no resultaba demasiado complicado ya que su encantadora belleza dejaba perplejo hasta el mas frío de los vecinos, logrando de esta manera que la muchachada del barrio solo tuviese ojos para ella. Concluido el acto amoroso, Ana se despedía de su amante de turno, a quien nunca mas volvía a ver y comenzaba de esta manera la incesante búsqueda de un nuevo amorío.
Anita siempre quiso ser la única, no soportaba ver a ningún hombre del barrio en manos de otra mujer, fuese este el mas feo de los vecinos, estuviese casado o comprometido.
Pero hubo una persona a la que Anita no pudo conquistar, Juan Carlos Aguirre, un novelista que escribía para el diario “La Realidad” y narraba estupendas historias épicas. La señorita Martínez, haciendo uso de sus dotes naturales, ponía a prueba al buen hombre cada vez que se veían; este parecía conocer de los juegos de la dama y desistía de todo encanto. Resignada, Ana se paso mas de 2 meses encerrada y sin siquiera mantener contacto con nadie que perteneciera al sexo opuesto.
Seis meses después, Anita se mudó. No se la volvió a ver cerca del barrio e incluso algunos afirman que actualmente se encuentra viviendo en Rosario, donde se casó y tuvo una hija.
En lo personal, yo conocí a Ana una noche en la pizzería del barrio mientras jugaba al truco con los muchachos; Ella entró acompañada de un hombre (como era costumbre), alzó la vista para buscar un lugar y se hizo del mismo tan pronto como pudo.
Tuve algún que otro encuentro con la dama, pero eso ya es otra historia…